Breathe

Llave, contacto y arranco. Las cartas están repartidas, son las que son; sólo recordar saber jugarlas y no olvidar que está bien que me guarde una as en la manga. Realmente no hace falta que sea un as, con un 6 de corazones es suficiente.

Y divagando entre ases y corazones, arranco el coche. Y mientras intento no dejarme llevar por la inercia, a veces siento como freno, a veces como paro y a veces como arranco en segunda. A veces siento como aprieto fuerte el acelerador y a veces, sin saber cómo, suelto embrague y vuelco haciendo un trompo bestial. Es lo que tiene conducir con las emociones, de vez en cuando sales disparada.

Atravesando una de las tantas carreteras sin nombre, veo un viejo coche roído al otro lado y desacelero. Observo el coche. Está abandonado. Es como un útero oxidado de donde sólo sale ruina, a pesar de que un día albergó vida. Supongo que por eso me fascinan tanto las fábricas abandonadas: nunca sabes que mago desvencijado puedes encontrarte dentro.

Mis ideas sacuden mi frente y continúo mi marcha. Estiro el brazo por la ventanilla y respiro profundamente mientras siento el aire fresco tropezando entre mis dedos. Amo la sensación de vida que me hace sentir el roce de su caricia.
El sonido de la brisa me trae de vuelta y me encuentro con mi yo niña, paseando y curioseando por la acera de enfrente. Yo la miro, ella me mira, me miro con su mirada, me mira con mi mirada. Y me conecta con mi recuerdo y con el amor que me pide que sienta por mí y por ella. Con el amor que soy, con el amor que tengo.

Me encuentro de bruces con un cruce, me paro y me bajo del coche. El viaje no ha acabado pero me apetece seguir caminando, mirar planos siempre me ha dado vértigo. Empiezo a entender que no importa si voy lenta; no sé dónde voy pero sé que aún está lejos.

El cruce. Miro hacia la derecha. Miro hacia la izquierda. Una nube de pájaros sobrevuela por encima de mi cabeza, desafiando al cielo, con sus terribles ganas de vida, con la belleza azul de su vuelo. Y me contagian, y comienzo a dar lentos y firmes pasos alborotando la tierra que me acompaña en el camino. Y me sonrío porque siento el bulto de los 6 corazones guardados bajo el dobladillo de mi manga.