la cápsula del tiempo

La cápsula del tiempo

De vez en cuando, el señor Facebook desempolva tu vida y te muestra un recuerdo. Elige y recupera un pedazo relegado al olvido y te recuerda lo que sentiste en aquel preciso momento. Es indiferente que el recuerdo sea bueno o malo, las máquinas sólo tienen en cuenta los tan arbitrarios “likes”, así que te lo escupe en la cara diciéndote: “Los tiempos pasados son fantásticos: ¡toma, chata, gestiona esto!”. Y esto no siempre es así: a veces los tiempos pasados se recuerdan de una forma muy distinta a la que los vivimos en su momento.

Por acción u omisión, en un mundo tan subjetivo como el de la supervivencia emocional cualquier cosa puede suceder. Y es curioso el tema del olvido y de los recuerdos ya que no siempre recordamos lo que vivimos propiamente dicho, la acción aséptica; sino que a menudo tenemos el recuerdo de lo que nos hizo sentir aquella situación, la interpretación de las emociones que vivimos en aquel instante de nuestra vida.
Además, y por si esto no fuera lo suficientemente confuso e inestable, la perspectiva del paso del tiempo y el estado emocional actual hacen que ya no sintamos lo mismo al releer un viejo escrito o al ver una imagen antigua.

Entre recordar emociones distorsionadas e interpretar el entorno según cómo nos sentimos, realmente tenemos muy pocas verdades absolutas en nuestro día a día.

El señor Facebook me recordó ayer esta publicación que escribí tres días antes de irme a vivir a Irlanda. Y al releerla siento que, a día de hoy, mi interpretación de lo que viví es bastante distinta a lo que debí sentir en el momento en que la escribí, 4 años ha. Esto es parte de lo que escribí:

  • He conocido personas majisimas
  • Me he emborrachado
  • He bailado como si no hubiese un mañana
  • Me he sentido decepcionada / ilusionada
  • He gritado de alegría
  • Me han regalado una funda para días lluviosos
  • Me he ofrecido para recibir llamadas descabelladas desde Tailandia
  • Sé que siempre podré llamarle

Realmente, creo que esto lo debí escribir en un estado de semi-embriaguez, o de poca lucidez, o de euforia irreal por el inminente viaje, porque pocos puntos concuerdan con lo que yo recuerdo que viví durante esos 8 primeros días de 2013:

  • Recuerdo conocer a una mujer fantástica, el resto de personas… cri cri cri…
  • Mi primera borrachera del año y la danza nocturna fueron bastante lamentables
  • Infravaloré muchísimo aquella decepción: dolió bastante más de lo que imaginaba y abrió una brecha de esas gruesas que tardó mucho en cicatrizar
  • No me ilusioné, viví miedo histérico y escénico: ¡estaba acojonada por el cambio de vida y de país!
  • Sí, grité en la carretera, asomada a la ventanilla de aquel coche, pero no fue de alegría, fue de liberación, como cuando sueltas de golpe una mochila de 10kg que llevas atada a la espalda
  • Aún siento el cariño con el que me regalaron mi súper funda para días lluviosos
  • Sé que las llamadas descabelladas desde Tailandia siguen siendo de ida y vuelta, y eso hace que mantenga un recuerdo bonito sobre aquella conversación

Tenemos recuerdos emocionalmente efímeros. Recuerdos que se nos escurren entre los dedos y no sólo por el paso del tiempo. Sinceramente, creo que no soy capaz de definirlos bien porque quizás esta tarde, o mañana o dentro de dos días, mis circunstancias cambian, y con ellas mis emociones y mi percepción sobre la realidad de mi entorno, y sentiré e interpretaré mis vivencias de otra manera. Así, ¿qué sentido tiene almacenar tantos recuerdos? ¿Para qué darles tanto peso si nuestra percepción puede ser tan voluble y cambiante? ¿Cómo es posible que nuestra memoria pueda llegar a adornar tanto (o tan poco) lo que sucedió?

Es evidente que no se puede ni vivir de recuerdos, ni instalada en ellos. Mejor conectar, vivir y sentir todo aquello que tenemos delante, aquí y ahora. Y por eso estos días me he dedicado a “sentir”…

abrazos que duran semanas; la espectacular grandeza de un cuadro de Hopper; alegría balcánica en el corazón; empoderamiento máximo al entrar sola en aquel bar; amor, cuidado y respeto por mí misma

Y voy a guardar en una caja hasta el 2021 porque, sabiendo que hay que coger la veracidad de los recuerdos con pinzas, y dado que el tiempo transforma las emociones, me genera cierta curiosidad saber cómo mi yo de futuro interpretará estas líneas tan sentidas dentro de 4 años.

No sé qué diría Ted Mosby, ni si debería dejarme algún mensaje más directo o contundente… Se aceptan apuestas.

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