Sobre mí

Barcelona, mediados de diciembre. Me encuentro de pie en mi habitación de techo alto y blanco del Eixample, asomada al balcón, decidiendo si seguir mirando hacia el paseo o escrudiñar ávida el cielo. Levanto la cabeza. Y allí os veo, sobrevolando las azoteas, con vuestras alas amplias y expandidas, surcando la profundidad, zigzagueando, virando, saltando.

No es la primera vez que estáis allí arriba; a veces parecéis las mismas, a veces diferentes y de vez en cuando, y sin saber porqué, alguna de vosotras ha dejado de estar en el horizonte. Sois blancas, rojas, verdes, negras y amarillas. También está aquella violeta, la que se acerca y se aleja con fragilidad. Algunas sois altas, otras sois bajas, otras gordas, o finas, o muy finas, con aristas, voluptuosas, etéreas, ásperas, dulces, amargas y algunas sois increíblemente saladas. Sois diferentes pero, de tantas, me pierdo en la cuenta.

Y mientras intento que vuestro vuelo no escape al perímetro de mi mirada, me pregunto si tenéis pensado bajar algún día aquí, a este balcón donde os espero con las mismas ganas de abrazaros que miedo de perderos. Y justo en este instante baja «ella», como un kamikaze, directa y valiente, sin reservas, como se hacen las cosas, como yo hago las cosas. Esa idea voladora, pilotando este aeroplano, vestida con sus propias gafas con las que observar mi mundo, se planta delante de mí. Y la abrazo fuerte, para no soltarla, con ese miedo que motiva, ese que te hace vibrar por dentro y sentir que tienes gusanos moviéndose por la boca de tu estómago.

De «ella», de la idea loca de escribir, de expresarme, de contar, nace este blog. Para explicar mis historias, mis pajas mentales e imperfecciones varias.

«Hola, mi nombre es Maria, soy de Barcelona y tengo dos cactus.»